Dialogar no es claudicar
Con réplica de Roberto Campos Roca.- agosto 9, 2011
*Horizonte Político
José Antonio Crespo
Sicilia, entre radicales y moderados
Martes, 09 de Agosto de 2011
Por definición, todo organismo, todo partido, toda institución pública y todo movimiento social tienen un ala radical y otra moderada. No nos referimos a los radicales como necesariamente partidarios de la violencia, pero sí que desconfían de los interlocutores externos, viéndolos más como enemigos que como adversarios, y muestran reticencia a dialogar con ellos y aceptar acuerdos que impliquen ceder una parte de su agenda para sacar adelante la otra. Los moderados, en cambio, pueden reconocer al interlocutor como adversario, y por ello sentarse a dialogar y negociar, e incluso albergar sentimientos de afecto o amistad o al menos respeto como seres humanos, pese a estar en bandos contrarios, sin que ello implique claudicación o debilidad.
Al parecer, Javier Sicilia y los suyos decidieron ir por una senda moderada, que no implica transigir en los principios y menos aun traicionar la causa, según acusan los radicales. Simplemente se reconoce al interlocutor como alguien con quien se puede dialogar y eventualmente, negociar y acordar una parte sustancial de la agenda que se enarbola. El problema para cualquier movimiento es que otros grupos, compartiendo el ideario o la causa, pueden no hacerlo respecto de la estrategia, y en esa medida, enajenar su apoyo. Ya en Ciudad Juárez muchos grupos que deseaban incluir en la agenda de Sicilia los más diversos temas, mostraron su malestar. La izquierda de cierto extremismo le criticó también la entrevista con el gobierno y el Congreso, bajo la premisa de que con los enemigos no cabe el diálogo, sino la confrontación. Y desde luego, no vieron con buenos ojos la actitud gandhiana de diferenciar en el adversario el personaje de la persona humana; hablar duro y de frente sin complacencias con el personaje (el cargo), pero después mostrar rasgos de amistad y humanidad con la persona (humana). Por lo cual, besos y abrazos han sido condenados y satirizados por los sectores más radicales.
En efecto, Sicilia apostó al respaldo de los sectores más moderados de la sociedad, que comprenden y aceptan la conveniencia del diálogo y la negociación directa, más que la confrontación y descalificación desde las calles y las plazas. Pero aceptar la posición moderada implica también mantener en lo posible la confiabilidad del interlocutor, misma que es drásticamente negada por los radicales y aceptada como razonable por los moderados. Debe mantenerse, hasta donde se pueda, la oportunidad para que quienes están en el otro lado de la mesa continúen el diálogo, aclaren sus posiciones y decisiones, corrijan el rumbo si se requiere, antes de llegar a la absoluta descalificación (pues de esa manera, se está dando la razón a los radicales que advirtieron la futilidad de las reuniones y la absoluta falta de confiabilidad en el interlocutor en el Estado mexicano). También, si se descalifica de manera tan determinante al adversario sin elementos totalmente convincentes, se puede perder también la confianza del sector moderado de la sociedad.
Me temo que eso puede estar ocurriendo a raíz del reclamo de Sicilia al Congreso, a quien acusó de traicionar la palabra, de intentar un madrugüete y de simular cualquier viso de compromiso externado en el Alcázar de Chapultepec. Todo lo cual ha sido aplaudido por los radicales, pero al mismo tiempo sirvió para que se adjudicaran la razón al recomendar que no hubiera diálogo alguno (algo así como “se los dije”). Y quienes desconfían y recelan del lenguaje y actitudes humanistas de Sicilia, tomaron el hecho como demostración de que besos y abrazos no son un recurso eficaz y ni siquiera aceptable en la acción política. Por otro lado, ciudadanos que han avalado la estrategia de Sicilia, han visto como excesiva y precipitada la categórica descalificación que hizo el poeta de sus interlocutores parlamentarios, como lo señaló Miguel Ángel Granados Chapa, quien considera la reacción de Sicilia como “desproporcionada y contraproducente” (7/agosto/11). Piensan que puede haber razones para la suspicacia, la desconfianza y el enojo, pero también debe haber margen para aclarar malos entendidos y rectificar decisiones antes de extender una condena tan extrema. En ese sentido, el riesgo para el movimiento es oscilar entre el carril radical y el moderado, con lo cual terminará por enajenarse el apoyo de unos y otros. Es inevitable quedar mal con unos, pero conviene evitarse quedar mal con ambos segmentos sociales. De no ser así, se puede precipitar el agotamiento prematuro del movimiento, y limitar su potencial para lograr buena parte de la agenda que lo anima.
http://correo-gto.com.mx/notas.asp?id=236798
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“La única defensa contra el mundo es un conocimiento perfecto de él”. John Locke
Pues indudablemente que Mr. Crespo ni se despeinó al escribir este artículo, pues con él se amplifica el circulo de “políticos moderados” (o serán ¿analistas “moderados”?) donde se confirma que el “Movimiento Siciliano” les atrae y los subyuga, siempre y cuando… “Se mantenga dentro de los límites de la moderación”.
Entre ser un Moderado y ser un Moderador, hay muy poca o nula diferencia, pero en el fondo de lo que se trata es de ser el “arbitro, el regulador o el tercero (en discordia)”, lo que es lo mismo, que de ser cierto y valido el terminajo, nuestros analistas y Sicilianos no son más que simples intermediarios entre las víctimas y los victimarios, y cuya misión (moderada) es conseguir, mediante el dialogo duro y el “abacho becho” con ambos, la tan anhelada (¿por quién?) “Paz con Justicia y Dignidad”.
¿Será? Mr. Crespo.
Lo único cierto de todo este merengue de comportamiento “urbano” es que, los llamados “Radicales” (sin aclarar si los de la Derecha están incluidos, o nada mas los de la Izquierda), no caben en este proceso sui generis de Dialogo que Don Sicilia ha inventado y aplicado para transformar la esencia clasista y neoliberal del Estado Mexicano.
En el Inter, nuestros afamados y reivindicados “legisladores’ (igualito que Mr. Calderón), siguen el concierto de sus negociaciones y complicidades con el poder ejecutivo y con los cabecillas de la Partidocracia que representan, y aprueban, en lo general (que es mucho) el Dictamen de Reforma para la Seguridad Nacional, reservándose en lo particular (que es muy poco) las ligeras variaciones al proyecto de sometimiento de la seguridad nacional (para la instituciones y el Estado) a las fuerzas armadas y la ya conocida discrecionalidad del Presidente de la república en turno.
Y como ya lo dijo el vocero legislativo, Mr. Jorge Alcocer: “…Si Mr. Javier Sicilia y adláteres no entienden ni saben de los intríngulis del proceso legislativo: ¡Que se busquen un abogado!
Quieren más, o les traigo al trasnochado Javiercito Corral, para que acabe de explicarnos, lo inexplicable, de otra más de las cotidianas traiciones históricas de ese engendro factico llamado Congreso de la Unión.
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